La vocación de ser actor es una llamada que he sentido pasados ya los 30. Este deseo por descubrir otros mundos posibles y vivir otras vidas a través de la actuación, como ocurre con la música, la pintura, la poesía… le dan un sentido a la mía propia. Quizás sea algo presuntuoso pensarlo, pero quiero ver en mí que soy capaz de transmitir y emocionar tanto como siento y me emociono cuando descubro alguna nueva historia o un nuevo personaje.
Creo que esta es una profesión que hay que verla como una carrera de fondo: no sé cuál es la meta, pero sí tengo claro que debo conocer mis limitaciones de hoy para poder superarlas mañana, y que debo estar preparado para cuando llegue el momento. Eso que llamamos «suerte».